SANA Y SALVA.

Hoy es mi cumpleaños. Cumplo veintitrés. ¿Ves? Hasta mi edad me recuerda a ti. Lo sé: es ridículo, inmaduro, obsesivo y bastante insano. Pero es así.

Durante nuestro primer veintitrés de junio, mientras conversábamos al calor de las hogueras de San Juan, pensé que tu voz conseguía apaciguar las mareas. En el segundo veintitrés, después de comer arepas en la capital, no parabas de reír y creí que tus carcajadas eran capaces de hacer que cualquier nube fuese pasajera.

Porque reías así, con tu boca hacia el cielo, amenazando a cualquier borrasca. Tenías una risa valiente, pulmonar, anticiclónica. Y yo me imaginaba toda su luz, todos sus colores, despegando y estallando como fuegos artificiales.

Pero ya no. Te marchaste y contigo la calma, las conversaciones, la alegría. Lo sé: dependencia emocional. Pero es cierto. Tu adiós fue desastroso.

El tiempo lo arrasó todo a su paso. Y ya no tiene medida más allá de los días sin ti. No tiene más forma que la del hueco que dejaste. Me distraigo con la música, los libros, alguna serie que me acompañe en mis insomnios. Ahora, comparto el entretenimiento con un amigo, después de que tú me cerraras todas las plataformas virtuales. Y también las reales. Lo sé: lo nuestro era claramente insostenible.

Qué triste, eh. El amor en los tiempos del Netflix. Del Tinder. La ausencia y el silencio son la única pareja estable. A veces, también hacen un trío con la soledad. Son la resistencia, esos que siguen cumpliendo su contrato de permanencia, que se mantienen fieles a su compromiso.

Joder. Los tiempos que corren… Cuánta prisa. Ya van casi cien días. Y sigue doliendo. Duele. Estoy harta de perder. De hacerme la fuerte. No me quedan energías ni tampoco dinamita para volar la tristeza por los aires.

No, en el aire solamente flotan las ilusiones rotas. La ilusión de convertir cualquier piso cutre en un hogar compartido, de enraizarme en tu tierra, de envejecer juntos. Y seguir improvisando cualquier plan contigo tras recogerte en el trabajo.

¿Sabes qué me jode también, lo que más de todo? Que no te puedan ir a buscar a la salida (…) Fíjate. Ya solo decirlo es la hostia: “Ven a buscarme”. El amor es eso, ¿no? Que te vayan a buscar a la salida. 

Es un fragmento de la película Princesas. Últimamente, me pierdo entre diálogos, personajes, historias… Supongo que veo películas para no montarme las mías. Pero no siempre lo consigo. Como te digo, tengo experiencia en hacerme ilusiones. Y parece que tú eres experto en romperlas. Es curioso, que te dediques a vender seguros y, en cambio, me hayas metido en la cabeza tantas inseguridades… 

Me rompiste. Y yo también me sigo rompiendo a propósito, confiando en que, a veces, el proceso de reconstrucción implica destruirse primero hasta los cimientos. Me rompo, también, con las letras de las canciones de autor.

A ratos vienes a ciegas, cuántos no has venido… Que han pasado ya cien días y ahora es cuando de verdad la vida aprieta… Tú y yo, con la prisa entre los dientes y el sabor intermitente de quien sabe de la gloria y su desastre… En el aire, se nos quedan intenciones en el aire… 

Pensaba que tú también tenías buenas intenciones. No sé, quizá, hacerme reír, curarme los pies fríos, contarme tus pesadillas, dejar que mis sueños se subieran a tu cama. Pero los trataste como a un perro apestoso, abandonado, destinado a la intemperie…

Tengo suerte de tenerte en la cabeza como quien tiene un fracaso… Tengo un “no me llores, que ya eres mayor”… Te envenena el dolor como el tabaco… Cuánto pesa este desastre de esperarte en cada fiesta hasta que cierran y los bares no me cuidan ni me tapan al dormir… Lo malo está en el aire y si no respiras te mueres… No quiero volver a verte, te di más importancia que a la paz mundial… 

Y tú no me diste a mí la suficiente. No comprendiste que sobre mi llanto mando yo y que escribir, a veces, es mi manera de llorar. Voy a seguir llorando y escribiendo aunque te moleste. Porque me hace bien. Y eso no significa que te odie. Todo lo contrario. Te quiero, aún. Y quiero verte aunque lo niegue. Tengo ganas de ti, pero también tengo miedo. De que vuelvas.

A decirme lo de siempre, que me quieres pero no puedes tenerme… No compensa siempre quedarse que huir… Me dijeron “ve a por todo” y fui a por ti… Ahora me di cuenta que hay problemas que resuelvo en tanta gente, pero nunca los resuelvo en mí… 

Me equivoqué. Aunque todavía acuda a tu búsqueda algunas noches en las que bebo de más y te echo de menos. Debo dejar de hacerme daño. Hay vida después de ti.

Sigue existiendo la poesía. Versos que me recuerdan que tengo el corazón tan roto que cuando bailo suenan cristales. Pero que, a pesar de todo, tengo que seguir sacándome a bailar, trabajando en mí misma. He conocido a alguien, soy yo. Voy a darme una oportunidad. Sí, esta vez soy yo mi prioridad. Poco a poco, voy recuperando mi autoestima. Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Porque engancharse a alguien es una puta mierda.

¿Sabes? Al principio, no podía desayunar sin imaginarte ahí, preparándome un zumo de naranja. A veces, me despertaba aturdida, creyendo que me había quedado dormida sobre tu pecho. Tuve el instinto de conducir hacia tu casa o llamarte de madrugada. Sentí cómo se me rasgaba la vida en un concierto. Lloré en playas, en aviones, entre la oscuridad y a plena luz del día. Me reí de mí misma al darme cuenta de que solo soy otra estúpida que se cree que su dolor duele más que otros. Me soñé dentro de una jaula de cristal. Apreté los dientes y no supe qué hacer con mi lengua ahora que no puedo hablar nuestro idioma. Y otros muchos pecados inconfesables.

Han pasado ya cien días. De altibajos. De altos vuelos. De bajas pasiones. Y no me queda claro si soy humana o bestia, si estoy loca o cuerda, si te recuerdo en busca de auxilio o por puro masoquismo. No sé si ahora llevas la boca y los ojos tristes. Ojalá que no.

En fin. Aquí sigo. Soplando velas. Inventando nuevos deseos. Celebrando otro año más de vida. Nadie se muere de un desamor.

cumple

2 Comentarios

  1. Me súper encanta!!!! Felicidades!!! Por romperte, por volverte a armar, por volver a amarte y sobretodo por reflejar todo lo que hemos sentido o sentimos alguna vez alguno de nosotros…verme reflejada en tus letras es poco!!!

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