DEUDAS PENDIENTES.

Me debes

un insomnio con sus ojeras

por cada poema que te escribí

mientras se me rompía el corazón.

 

Y una valentía velocista

que consiga dejar atrás

los miedos que me acechan.

 

Me debes

dos mil quinientos metros cúbicos de agua

para llenar las piscinas vacías

en las que me rompí los huesos al lanzarme.

 

Y una esperanza olímpica

capaz de cruzar a nado

mis océanos de incertidumbre.

 

Me debes tantas costuras

para todos esos rotos…

y, sin duda, una victoria definitiva

que nos lleve por otros derroteros.

 

Hacia un verano

con la piel libre de espinas

sin amarguras ni apneas.

salto

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