JAVIER MARÍAS O EL MACHISMO DISFRAZADO DE ERUDICIÓN.

Publica hoy Javier Marías una columna en El País titulada “Palabras que me impiden seguir leyendo” y que viene resumida con la siguiente frase: “Cada época sufre sus modas y sus plagas, y lo penoso es que éstas son abrazadas acríticamente o con papanatismo por millares de personas”. 

Dada esta información, una podría pensar que se refiere a modas triviales como los zapatos con mucha plataforma, lo de llevar los tobillos al aire incluso en invierno, los jerséis oversize, o lo de combinar vestido con zapatillas. Pero no. Esa moda, plaga, tan propia de acríticos y de papanatas, no es nada menos que el feminismo.

Lo curioso es que el autor comienza su escrito recalcando la necesidad de elegir bien las palabras, de lo que extraigo que el referirse al feminismo como una “plaga” es algo premeditado e intencionado. Algo que implica muchas connotaciones, a cual peor.

La Real Academia Española define “plaga” a través de las siguientes acepciones:

1. f. Aparición masiva y repentina de seres vivos de la misma especie que causan graves daños a poblaciones animales o vegetales, como, respectivamente, la peste bubónica y la filoxera.

2. f. Calamidad grande que aflige a un pueblo.

3. f. Daño grave o enfermedad que sobreviene a alguien.

4. f. Infortunio, trabajo, pesar o contratiempo.

5. f. Abundancia de algo nocivo, y, por ext., de lo que no lo es. 

6. f. p. us. Úlcera, llaga.

Por tanto, a grandes rasgos, una plaga sería algo dañino que hay que exterminar, lo que encajaría mejor con lo que es el machismo. Puede que este hombre, tan ocupado con sus muchos otros vocablos, no se haya molestado ni siquiera en aprender la definición de feminismo. Mi humilde consejo es que lea un poco menos a tantos hombres y un poco más a algunas mujeres, como la gran Angela Davis, que lo define como “la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas”.

Un movimiento social por la igualdad que viene pisando fuerte y al que él intenta ponerle zancadillas mediante su repugnancia, que defiende con aires de superioridad académica, hacia palabras que -según dice- le atraviesan los ojos y los oídos. Términos como “transversal”, “empoderamiento”, “heteropatriarcal”, “sororidad”, “machirulo”, el “sí o sí” (derivado del “no es no”), etc.

Marías nos regala perlitas como: “a un recio varón le producían arcadas los “nenúfares” y “azahares” de un poema”. Dice también que la RAE pasa por un período asustadizo al adaptarse a las demandas feministas o que un escritor no vale la pena si recurre a la expresión inglesa “ponerse en sus zapatos” porque significa que no es conocedor de su propio idioma.

Mire, señoro, podrá conocer muy bien la lengua española, pero no conoce su propio país si considera que el movimiento feminista es una moda pasajera. Supongo que es usted el que no es capaz de ponerse en los zapatos de nadie, y mucho menos en los de ninguna de los cientos de miles de mujeres que llenamos las calles de toda España el 8M. Quizá critica a la institución de la que usted mismo forma parte porque preferiría que la RAE siguiera definiendo a la mujer como sinónimo de fácil o como el sexo débil.

Sin embargo, hay una cosa en la que le doy la razón: otros escritores que califica como baratos en efecto lo son, pero solo por el hecho de que sus opiniones no nos salen tan caras como la suya, tan cargada de odio. Porque es miembro de la institución nacional de referencia en materia lingüística y además tiene la suerte de contar con un espacio periodístico de gran alcance. Y lo utiliza para poner piedras en el camino de quienes tratamos de avanzar. Pero le guste o no, ya somos imparables.

Disculpe usted, señor Marías. Disculpe si las palabras que utilizamos le parecen injustas e inexactas; sabe, lo verdaderamente injusto -insoportable, diría yo, con su permiso de erudito- es que en pleno siglo XXI aún no tengamos igualdad de derechos y que nos sigan maltratando, violando, asesinando. Disculpe si le irritamos; verá, es mucho más irritante el tono condescendiente y paternalista de hombres que nos explican cosas que ya sabemos (“mansplaining” se llama, por si quiere añadirlo a su exclusivo diccionario) u otras muchas formas de machismo y -lea y escuche bien- patriarcado. Disculpe si nuestras expresiones le atraviesan los ojos y los oídos; pero, joder, resulta que a demasiadas mujeres demasiados hombres les atraviesan la piel con puñales hasta matarlas.

Así que no me cuente que hay palabras que le impiden seguir leyendo. Porque hay realidades que a nosotras nos impiden seguir viviendo. Y eso no es ningún cuento.

machismo

 

 

 

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