CUANDO LOS ELEFANTES LUCHAN, ES LA HIERBA LA QUE SUFRE.

El otro día leí una frase irónica, pero muy cierta: “Así que vamos a bombardear Siria para enseñar a Siria a que deje de bombardear Siria”. Pues sí, así es. El gobierno de Al-Asad contra Estados Unidos y sus aliados. Una lucha de gigantes. Un juego de poder. Un despropósito.

Porque… ¿cuál es el propósito de todo esto? ¿Demostrar quién los tiene mejor puestos (los misiles)? ¿Qué ganan con toda esta violencia? ¿Qué hemos aprendido de Irak, por poner un ejemplo? ¿Qué justifica esta violación del derecho a no-intervención?

No sé, lo único que tengo claro es que seguirá siendo un desastre. Porque en una guerra subsidiaria, son precisamente las potencias guerreras las que se ven menos afectadas. Todo el daño se lo acaban llevando los civiles, personas normales y corrientes con una vida normal y corriente que cambia de la noche a la mañana. Esas mismas personas que pasarán a convertirse en simples cifras, en “daños colaterales”.

Otra frase recurrente que creo que describe muy bien la situación es esa de que si París merece un minuto de silencio, Siria debería dejar a la humanidad muda para siempre (¿Humanidad? ¿Qué es eso? ¿Se come?). En Siria hay tanto y tan poco ruido… Falta la risa extraordinaria de los niños y sobran los disparos cotidianos de esas armas que seguimos vendiendo a Arabia Saudí, ejem ejem…

Leila Nachawati, especialista en Oriente Medio y Norte de África, escribió hace poco algo que me dejó impactada: “Quienes conocen el país guardan, cada vez más, silencio. Un silencio tejido de trauma, de pérdida inabarcable, imposible de asimilar. Uno se prepara para perder a una madre, a un padre, puede asumir perder a un hermano, a un amigo, o un miembro de su cuerpo, pero no un país. La idea de perder un país no encaja, no estamos programados para asimilar eso”.

Perder un país. Imagínate. Haz un ejercicio de empatía por un instante. El sitio al que perteneces desde que has nacido, de repente, desaparece. Ya no existe. Ya no es. Ya no. No hay nada. Nada más que ruinas y escombros. Brutal, ¿eh?

Y lo que es incluso peor es que, tras darse cuenta de que ya no pertenecen a su lugar de origen, su lugar natal, su lugar de siempre; entonces, buscan otro y, entonces, nosotros se lo negamos. Los convertimos en apátridas.

Sin país. Sin refugio. Sin derechos. Galeano los llamaría “los nadies”, esos que no tienen nada más que a sí mismos, porque les han quitado todo. Esos nadies que hace no tanto fuimos nosotros, españoles exiliados, pero claro… es algo que apenas se recuerda, es una memoria histórica que quieren convertir en amnesia colectiva.

“Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata”… Que son ese mínimo coste que permite la existencia del máximo beneficio. Aunque yo todavía trate de entender qué es lo beneficioso de todo esto y por qué nos sigue costando tanto vivir en paz…

No lo sé. Dejo preguntas en el aire. Flotarán en el silencio, más sepulcral que nunca. Un silencio solo interrumpido por las pisadas de los elefantes, cada vez más firmes, cada vez más fuertes, cada más feo. Por allí por donde pasan, no vuelve a crecer la hierba.

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11 Comentarios

  1. Me estremezco cuando veo esas imágenes de las ciudades devastadas y me estremezco sobre todo por lo que no veo pero intuyo… el llanto de un huérfano, de una niña herida, los pocos niños que no han podido escapar buscando entre los escombros, los abusos, que seguro que los hay, el hambre, la sed, el miedo. Esas miradas tan tristes que a veces nos muestran los medios deberían llegarnos al corazón, deberían llegar al corazón del poder también, porque ellos son los que pueden hacer más. Pero los poderosos no tienen corazón.
    Un abrazo.

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    1. Estoy de acuerdo, los poderosos no tienen corazón, solo les importa el poder a toda costa. Lo peor es que quizá nosotros también nos estamos haciendo inmunes a todas esas imágenes. Y eso es muy preocupante y peligroso. Me alegro de que aún queden personas como tú, que no son indiferentes y que quieren ver aunque sea duro mirar.
      Un abrazo fuerte 🙂

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      1. Me gusta MUCHO tu estilo. Informas con un desarrollo humanista y reflexivo. Los “periodistas”, en general, estiiiiiran el párrafo corto que le envía su agencia de noticias, dándole vueltas a un par de datos para cumplir con la tarea del día; y apenas te enteras del panorama general.

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